Vinos de Andalucía
MIÉRCOLES
24
may
InicioReportajesEl Duende del Fino
Paz Ivison - Reportaje
El Duende del Fino
 
 

Se me ocurre establecer una serie de relaciones entre ese famoso duende del cante y ese duende del fino, porque estamos aquí, donde el fino y el cante son dos de nuestros más envidiadas joyas a las que dicho sea de paso, le podríamos haber sacado bastante más partido.

Tal vez nuestra relación con el fino y el gran cante flamenco desde siempre, nos ha condicionado a tratarlos como algo de toda la vida, algo de andar por casa y ello conlleva pues lo que siempre conllevan las cosas de andar por casa. Ni se suele valorar a la mujer en lo que vale, al marido tampoco -aunque vale siempre un poco menos, con todos mis respetos- y esto por habitual no deja de ser negativo.

Porque para empezar... ¿cuántas de nuestras letras de flamenco hablan de fino? Pocas, poquísimas, por no decir casi ninguna como veremos si tienen ustedes la paciencia de seguir leyendo. Y esto es una verdadera pena porque hemos perdido gran parte del potencial que es capaz de generar ese duende del cante y aunarlo, con el duende del fino.

Siempre me gustó relacionar fino y cante porque ambos tienen duende, y eso tan indescriptible como el duende, señores, es tan importante, tan mágico y único, que no me explico cómo no hemos sido capaces de valorarlo en su sublime medida. (Me imagino el partido que le hubieran sacado los italianos al duende, si ellos o sus vinos lo tuvieran...)

Federico García Lorca en su magistral conferencia Teoría y Juego del Duende, -conferencia que como verán ustedes, me ha dado mucho juego- referencia lo que Goethe decía del gran violinista y compositor Paganini. Decía así: “Tiene un poder misterioso que todos sienten y ningún filósofo explica” estaba hablando del duende sin llamarlo por su nombre.

Y algo así le pasa al vino fino. Nadie se explica cómo una uva tan poco noble como la palomino -ustedes me perdonarán pero comparada con una albariño, una riesling, una sauvignon blanc, una viognier, una chardonnay... por compararla con sus hermanas blancas y no entrar en materias tintas- resulta de lo más neutral y menos resultona, es capaz de convertirse en este milagro del fino. Nadie se explica como esta misma y poco noble uva es capaz, ella solita, y ya convertida en mosto en diciembre o enero, tras la segunda fermentación -en lo que nosotros llamamos mosto pero que ya tiene sus grados- de iniciar una carrera misteriosa.

Primero, puede tener calidad suficiente o no para que se convierta en vino, para quedarse en sobretablas. Segundo, puede tener aroma suave, punzante y sabor seco, de tono almendrado, entonces se va hacia fino. Puede tener un aroma que empape y un sabor sustancioso, entonces tira a oloroso...

Estamos hablando de la misma uva, de la misma tierra, sabemos que hay pagos que son mejores para finos y otros que son mejores para olorosos. Pero en cualquier caso, el pago, no es un seguro de tipología. Aún el mejor pago puede dar sorpresas.

Igual que decía Manuel Torre a algún flamenco:

“Tú tienes voz, tú sabes los estilos, pero no triunfarás porque no tienes duende”.

La uva palomino puede tener condiciones, puede tener procedencia de un determinado pago, del mejor pago considerado para fino, pero puede no triunfar, no pasar las clasificaciones, porque se le haya dormido el duende. ¿Necesitamos mayor constatación de la presencia del duende en nuestro querido fino?.

Una de las geniales características del fino es su carácter indomable, se va a fino porque le da la gana y nada podemos hacer, ni siquiera el mejor capataz ni la más modernas de las tecnologías. Y esto, señores, es algo muy grande... ¡Es duende! Por eso señores, ese duende que Goethe sin llamarlo duende, intuía y atribuía a Paganini, podemos perfectamente aplicarlo al fino:

“Tiene un poder misterioso que todos sienten pero ningún enólogo se explica”.

Volviendo a Federico García Lorca, nadie captó de manera tan excepcional al duende como él. Lo comprendió y le obsesionó este tema toda la corta vida que le permitieron vivir. Como dije, le dedicó una magistral conferencia, Teoría y juego del duende que ha sido referencia fundamental de estudiosos del flamenco de todo el mundo. En ella decía que al duende había que buscarlo en las últimas habitaciones de la sangre y que Manuel Torre, el gran Manuel Torre era... “El hombre de más cultura en la sangre que he conocido. El que definió por primera vez al duende argumentando que  todo lo que tiene sonidos negros tiene duende”.

Por cierto que Manuel Torre -también llamado Niño de Jerez que nació en el barrio de San Miguel, en La Plazuela, el año 1878- grabó un Taranto en 1929 que así rezaba:

“¿Dónde andará mi muchacho

que hace tres días que no veo

si estará bebiendo vino

o andará por ahí borracho...”

¿Por qué no dijo Manuel Torre “Si estará bebiendo fino”, por ejemplo, en vez de generalizar con sólo la palabra vino?. No hubiera cortado ni la rima ni el ritmo de su hermoso Taranto. Sabemos que a él le llegaba el duende con grandes dosis de fino y amontillado y también de aguardiente, dicho sea de paso. Pero este detalle lo dejaremos para más adelante.

Curiosamente las primeras referencias oficiales de las bulerías, por ejemplo, datan de 1870, del Loco Mateo, del barrio de Santiago de Jerez; son los años en los que el fino irrumpe en nuestro panorama vinícola porque, como ustedes bien saben, no es precisamente el más antiguo de los vinos de Jerez sino todo lo contrario, es mucho más moderno.

Pero ese vehículo tan poseedor de duende como es la bulería, nunca se aclaró en sus letras respecto a la categoría de vino. Ni en el siglo XIX, cuando nació, ni en el XX cuando alcanzó sus mayores éxitos. Antes sólo se vendían olorosos, palos cortados...

Es más, por aquellos años de mediados del XIX, el propio Gobierno Británico mandó a esta zona a un tal Mr. Bernard con un encargo secreto. En plan 007 de la época. Le encomendaron averiguar la realidad de esa fuerza que tenían los finos porque ellos no podían comprender que un vino fuera tan grande. Pensaban que tenía truco. Ya ven ustedes si tiene magia y duende el fino.

Y tal vez debería ser la Bulería la que más reflejara en su duende el duende del fino porque es un cante de fiesta. Entre las teorías que encontramos del origen de su nombre existe aquella que aventura que bulería viene de cantar con bulla, de bullir... cantar con humor, alegría y diversión. Y estarán ustedes de acuerdo conmigo en que no hay vino que mejor refleje esa fiesta, ese estado de ánimo... que el fino.

Sin embargo no recuerdo a bote pronto, ninguna letra de bulería que hable de fino. El gerente del Grupo Gourmets, Prudencio Benítez, andaluz por supuesto, es un gran aficionado al flamenco y dispone de una gran bibliografía y una extensa discografía sobre el tema. Le encantó esto de “El duende del vino” y empezó a buscar referencias del fino. Prácticamente ni una. Del vino sí, del fino no. Por ejemplo, en una bulería de Camarón de la Isla, con letra de Federico García Lorca, por cierto, en su rompedor disco La Leyenda del tiempo encontramos la siguiente letra:

“En los olivaritos niña

te espero

con un jarro de vino

y pan casero”.

Lo mismo que apuntábamos del taranto de Manuel Torre podemos apuntar aquí. Bien hubiera podido decir sin destruir ni la rima ni el ritmo... con una jarra de fino. Pues tampoco. El duende del fino perdió otra oportunidad de expresarse e inmortalizarse en este vehículo maravilloso que era y será siempre la voz de Camarón.

Comprendemos que no hablara de fino en esta otra bulería suya tan conocida, de su disco Calle Real

“Ay camino camino,

camino de Pozoblanco

había una tabernita

con vino blanco”

Aquí, aunque fuera fino, el ritmo y el compás se perderían como pueden ustedes observar.

Enrique Morente estuvo a punto de dar en el clavo, pero no llegó a rematar, en su disco Sacromonte en el que incluye una letra que reza así. En este caso se trata de unos tangos.

“Cuatro mil relin...

no quiero juergas ni vino

solo quiero una copilla

una copilla de vino”

En esta letra sí que podía haber quedado divinamente Enrique Morente si hubiera dicho:

“...sólo quiero una copilla,

una copilla de fino”

Porque habría destacado y diferenciado claramente el fino de cualquier otro vino, ya que no quería juergas ni vino sino sólo fino. Demostrando con ello la bondad, calidad y singularidad del gran vino fino. Otra ocasión única perdida...

Se me ocurre que al igual que se hacía en las películas, que siempre que aparecía una copa en el plano, o se ofrecía una copa de vino en pantalla, se decía Jerez, no sería una mala política que en las letras de los cantes, ahora que el flamenco ha alcanzado su merecida gloria en todo el mundo, se introdujera la palabra fino, porque como ven, es bien fácil. (Sería cuestión de proponérselo al Consejo Regulador como canal de promoción. Dada mi pasión por el fino y por esta tierra que me vio nacer, brindo la idea generosamente. Eso sí, a cambio  de algunas botellas de fino, por supuesto). 

Menos mal que encontré publicado en el antiguo periódico de Jerez, La Voz del Sur, el 30 de julio de 1977, y dentro de un artículo que hablaba del Jerez y del Flamenco, una preciosa letra que luego no he oído cantar jamás. Pero ya me gustaría. La firmaba María José Arredondo que creo que es una saetera importante, pero no estoy muy segura. Ustedes que de estos saben mucho más que yo aunque estén sentados al otro lado, me lo podrán confirmar. Se trata de la letra siguiente:

“Bulerías del buen vino

cuando se canta a un querer

qué bien sabe un cante fino

junto a un fino de Jerez”

Aquí si que encontramos al duende en todo su esplendor, conciliando bulerías con fino, arte con arte. Una bulería que debía ser nuestro himno de ahora en adelante.

Curiosamente y sin que nadie se ofenda -que este tema de la manzanilla y el fino despierta mucha suspicacia y sobre todo últimamente- encontró mi flamencólogo particular al que anteriormente me he referido, una letra que sí habla de la manzanilla. Y lo que es más curioso aún es que la canta una cantaora excepcional de nuestros días, catalana por más señas, Mayte Martín. Ella se atreve con el Taranto de Manuel Torre que ya comentamos al principio de la charla, y con unas cantiñas de gran calado, como es la llamada Del Contrabandista.

Rezan así:

“Por tabaco a Gibraltar

a Roma se va por bulas,

por tabaco a Gibraltar

por manzanilla a Sanlúcar

y a Cádiz se va por sal”.

Tiene su aquel que sea una catalana la que menciona la manzanilla. Este detalle da un poco la razón a aquello que apuntaba al principio de que las cosas de casa se valoran menos.

Apunté anteriormente que al gran Manuel Torre le llegaba el duende con dosis de fino, amontillado y aguardiente. Se ve que el aguardiente ha sido el gran competidor del fino a la hora de la inspiración pues volviendo a la conferencia Teoría y juego del duende, Federico García Lorca cuenta en el transcurso de la misma, cómo estaban reunidos en una tabernilla de Cádiz una serie de cabales, oyendo a Pastora Pavón, la Niña de los Peines, que Lorca iguala en arte a Manuel Torre.

Creo que ustedes conocerán esa insuperable descripción de esos cabales, pero permítanme repetirla:

“Allí estaba Ignacio Espeleta, hermoso como una tortuga romana, a quién preguntaron una vez: ¿cómo no trabajas”, y él contestó con una sonrisa digna de Argantonio: ...¡cómo voy a trabajar si soy de Cádiz...!

Allí estaba Eloísa, la caliente aristócrata ramera de Sevilla, descendiente directa de Soledad Vargas, que en el año 30 no se quiso casar con un Rotschild porque decía que no le igualaba en sangre...

Y en un ángulo, el imponente ganadero Pablo Murube con aire de máscara cretense....

La Niña de los Peines terminó de cantar en medio del silencio. Se levantó como una loca, tronchada igual que una llorona medieval y se bebió de un trago un gran vaso de Cazalla como fuego, y se sentó a cantar sin voz, sin aliento, sin matices, con la garganta abrasada pero con duende”.

Parece ser que a Pastora no le hizo mucha gracia que la pusiera de alcohólica, pero no se enfadó con él porque le quería y admiraba muchísimo. Pastora tomaría Cazalla pero yo estoy plenamente segura que todos aquellos cabales tan inmejorablemente descritos, estaban tomando fino.

En un libro de vinos que escribí hace ya unos diez años llamado “Dime que vino bebes y te diré quien eres”, dedicaba gran parte de sus páginas a los vinos del Marco de Jerez en su conjunto y concretamente hablando del fino, comentaba la pena que me daba comprobar cómo los cantaores habían sustituido el fino por el whisky y si mucho me apuran, y sin que nadie se ofenda, el duende por la coca. Las madrugadas de cante tienen que conjugarse con el verbo fino.

A este respecto, no está de más recordar lo que decía Romero Palomo, según consta en el libro de los hermanos Cuevas dedicado a los Vinos de Jerez. Al parecer, a finales del siglo XVI salía mucho vino de Jerez hacia las Indias Occidentales... “Donde era muy solicitado porque, suplantando a la coca, dio nueva vida a los ensueños”.

Claro está que por aquellos años ni siquiera existía el fino pero ya se ve el poderío que tenían sus antecesores de la zona. Razón de más para insistir en este tema del duende del fino y tenerlo más presente en las madrugadas de arte, las madrugadas de cante, en sus letras, en sus ayes fatales de la raza mora, como decía Manuel Machado, quien por cierto, tampoco se mojó mucho en su famosa poesía

“Vino, sentimiento, guitarra y poesía, hacen los cantares de la tierra mía”

No me digan ustedes que no podría haber dicho Fino el bueno de don Manuel. Pero como murió en 1947 ya no tienen derechos de autor y podemos hacer un guiño y cambiar nosotros la palabra Vino por Fino.

Encuesta
¿Encuentra con facilidad vinos andaluces en las cartas de los restaurantes que visita?
Colaboradores
José F. Ferrer
Rafael Luque
Jesús Barquín
Fernando Huidobro
Ernesto Suarez
Horacio Mangas
Paz Ivison