Vinos de Andalucía
JUEVES
19
oct
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Opinión - Rafael Luque
Vino y Turismo en Andalucía
 
 
El Turismo es una de las primeras fuentes de riqueza de Andalucía, así que sería sensato que el disfrute y conocimiento de nuestra industria vinícola fuera proporcional al número de visitantes que recibimos. Pero esa es una idea todavía lejana en el tiempo aunque no imposible.

Como saben, el vino ha dejado de ser una simple bebida alcohólica. Es un producto que representa e identifica a su consumidor con un estilo de vida. Además conjuga a la perfección y se complementa con la gastronomía, se asocia al entretenimiento, al ocio y al arte y fomenta, ¡oh sorpresa! el turismo. De momento parece que no hay una estrategia común para poder cambiar esta situación. Por una parte, las autoridades con competencia en el asunto –Turismo, Agricultura y Pesca y Economía- llevan líneas de actuación independientes y aunque se han hecho algunas actividades de cara a incrementar la visita de turistas con un alto grado de motivación hacia el vino, todavía no conocemos bien la respuesta. Por otra parte, las bodegas se enfrentan a diversas barreras para integrar a los turistas dentro de su actividad cotidiana, ya sea por su falta de experiencia con el trato a visitantes, que requiere cierto conocimiento y habilidades, falta de motivación por no ver claro los posibles beneficios, la excesiva orientación del vino como producto y no como una experiencia o la falta de iniciativas líderes que activen e inspiren al resto de la industria.

Finalmente, los hosteleros que atienden –o atendemos- a esos turistas y que, ante el maniqueísmo vinícola imperante, no terminamos de dar de forma generalizada una oportunidad a los vinos de nuestra tierra.

En estos tiempos de crisis, incrementar la colaboración entre todos los sectores implicados es imprescindible. Mi experiencia personal con los vinos andaluces es positiva. Casi todos mis clientes extranjeros que han aceptado probar vinos andaluces de calidad han manifestado su sorpresa y su satisfacción. Además carecen de los prejuicios que un nacional podría tener a priori. Es, ante todo, un magnífico escaparate para las bodegas y una oportunidad que deberían fomentar de forma sistemática en todas las zonas turísticas de Andalucía.

Pues eso, atrévanse a sugerir un buen amontillado sanluqueño, un moscatel seco de La Axarquía o un tinto almeriense. Al turismo, una sonrisa… y a partir de ahora una copita de vino andaluz.
Encuesta
¿Encuentra con facilidad vinos andaluces en las cartas de los restaurantes que visita?
Colaboradores
José F. Ferrer
Rafael Luque
Jesús Barquín
Fernando Huidobro
Ernesto Suarez
Horacio Mangas
Paz Ivison