Vinos de Andalucía
MARTES
28
mar
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Opinión - Jesús Barquín
La melancólica grandeza de los grandes vinos andaluces
 
 

La torpe redundancia de la frase que usted acaba de leer es intencionada. Interesa subrayar que no se está usando la expresión “grandes vinos” con la hueca dejadez con que a veces algún plumífero aburrido deja caer los elogios, como si fueran calderilla en época de vacas gordas. E interesa apuntar asimismo, aunque en esta ocasión no habrá ocasión de desarrollarlo, que no todos los vinos andaluces pueden legítimamente aspirar a un título de grandeza. Algunos de ellos, por supuesto que sí. Vinos tradicionales, claro, por más que en vinos tintos y blancos de mesa se estén dando pasos adelante. En particular, generosos procedentes del Marco de Jerez (DD.OO. Jerez-Xérès-Sherry y Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda), pero también unos pocos onubenses (D.O. Condado de Huelva), malagueños (DD.OO. Málaga y Sierras de Málaga) y, más aún, cordobeses (D.O. Montilla-Moriles).

 

Sucede demasiado a menudo que esta idea se repite una y otra vez sin darle un contenido práctico. Sin pararse a comprar, probar y beber botellas de estos asombrosos vinos, de modo que –salvo conspicuas excepciones- el prestigio no suele venir acompañado de un volumen de ventas suficiente para su futura viabilidad. O sea, que muchas flores y poca lana, casi exactamente lo contrario de lo que predica el dicho popular: “dame pan y dime tonto”. A fin de no caer en la rutina, y para que este breve artículo sea algo más que un vano predicar teórico sin bajar a la arena de la realidad, ahí van unas pocas marcas gaditanas, escogidas casi a bote pronto entre docenas de otros vinos igualmente GRANDES con todas las letras:

 

¿Qué tal una Manzanilla en Rama de Barbadillo, de la que se efectúan cuatro sacas al año y que es una de las pioneras en el renovado movimiento hacia la autenticidad de los vinos de crianza biológica? ¿Y el excelente Fino Antique de Fernando de Castilla, hecho a la manera de antes? Extraordinariamente limpio y complejo es el Amontillado Argüeso, un amontillado sanluqueño de libro, concentrado y con raza. Viejo pero amable, perfectamente armónico tras sus holgados más de 20 años de edad media, el Oloroso Dulce Solera 1842 V.O.S. de Valdespino. Vinos, todos los mencionados, que se venden a precios mucho más asequibles que otros de edad y calidad semejantes procedentes de cualquier otra zona vinatera de España y del resto del mundo. A partir de apenas 6 ó 7 euros…

 

Anímese y compruébelo: verá que lo que está puesto ahí arriba en letras gordas es cierto: en Andalucía se producen vinos verdaderamente grandes. Nos lea usted desde donde nos lea, éste es buen momento para aprovecharlo, porque algunos se venden a precios muy atractivos, lo cual no les desprovee de un ápice de grandeza. Más bien, en el fondo la acrecienta, aunque el público en general difícilmente asume la paradoja de que un vino barato pueda tener calidad estratosférica al mismo tiempo. Y también porque, a no ser que el panorama comercial mejore pronto, un puñado de esos vinos se está encaminando directamente al más melancólico de los destinos: la nostalgia de lo que un día se tuvo, y se perdió.

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Colaboradores
José F. Ferrer
Rafael Luque
Jesús Barquín
Fernando Huidobro
Ernesto Suarez
Horacio Mangas
Paz Ivison